El odio de clase un día de la independencia

Salgo de la radio y planeo llegar a registrar la movilización de la Unidad Piquetera, en contra del acuerdo con el FMI y otras demandas que vienen sosteniendo en las diferentes movidas como los enormes acampes en las puertas del ministerio de desarrollo social. Es que la situación social no da más. El tejido, al mismo tiempo que se fortalece pende de un hilo. No hay margen para más miseria. Ni para acciones dolorosas.

Ya a las 16:00 en el Obelisco no hay personas que identifique de las organizaciones. Está copado por banderas de Argentina, y personas mayores en gran parte. De pronto se hace una ronda alrededor de alguien. Es Baby Echecopar. Lo vivan. Se sacan fotos.  “Mierda van a comer” grita una mujer. No se entiende a quien le grita. Está enojada con los dirigentes que “escriben boludeces por redes pero después no están acá”.

Un grupo de los del Obelisco encara para la Plaza de Mayo. Otro advierte “no vayan para allá, van a la boca del lobo”. “La plaza es de todos” “vine por mi Argentina, porque no queremos que este en manos de estos negros”, se agitan. Avanzan. Llegan por Diagonal Norte a la Plaza, donde todavía las organizaciones de la Unidad Piquetera están terminando su acto. Pacientemente alguien intenta explicarles que esperen. Que terminan el acto. Se desconcentran y ellos ingresan a la plaza. Del otro lado, mientras más se acercan a las personas de la concentración, que por seguridad arman un cordón, algunos de los del proclamado banderazo, se exacerban. Les gritan planeros, hijos de puta, que vayan a laburar, que los mantienen, que marchan por ellos, para que tengan trabajo. El nivel de violencia es inenarrable. Un señor, con una muleta, más bajito que yo, le grita sin parar a uno de los que hace el cordón, que no se inmuta. Intento decirle que se clame, me dice que me va a romper la cabeza. Varias rubias se acercan, desatadas. Se sienten…No sé cómo decirlo. Enfrentan a quienes las miran, otras mujeres, que se dicen entre sí y bajito que no hay que responderles.

Una postal del odio de clase, de colonialidad. De racismo. A más de 200 años de la proclama independentista.

Texto y foto Antonella Álvarez

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