A propósito de La Traducción – Prueba 8

La traducción – Prueba 8 es una obra de teatro dirigida por Matías Feldman que se puede ver en el Teatro Cervantes, los jueves y viernes que quedan de julio. Es parte del Proyecto Pruebas que desde el 2013 busca reflexionar e investigar en torno a la percepción, los modelos de representación, los procedimientos y el lenguaje. A la fecha se presentaron: El Espectador (Prueba 1), La Desintegración (Prueba 2), Las Convenciones (Prueba 3), El Tiempo (Prueba 4), El Ritmo (Prueba 5) y El Hipervínculo (Prueba 7).

Se ambienta en los años ´60 en Alemania Occidental. Las hermanas Meier son las herederas de una familia de la burguesía industrial. Interpeladas por los movimientos latinoamericanos, crean un grupo revolucionario y pasan a la clandestinidad. A partir de esta historia, y con un despliegue de escenografía destacable que interpela desde todos los sentidos, aparece la pregunta por la posibilidad de la traducción “¿Es realmente posible traducir? ¿No se trata siempre de un tipo de traición? ¿Qué ocurre cuando intentamos traducir gestos, acciones o estados?” leemos en la ficha de la obra. ¿Cuántas capas de sentido subyacen/conviven en una palabra, en un gesto, en una acción? es otro gran interrogante que atraviesa la trama.

La obra lleva hasta el ridículo la “adaptación” que las hermanas alemanas realizan de los movimientos revolucionarios de América Latina. La vulgarización sucede al intentar calcar y copiar una tradición latinoamericana en Alemania. Y ahí radica la crítica que se realiza a este modo de “traducir”.

Gramsci nos dice que todo traductor es un traidor, por lo que toda traducción es una traición. La traición, como ejercicio que es necesario para volver inteligibles realidades diversas. Una traducción que no ancla sola ni especialmente en una cuestión lingüística, sino cultural, social, política. Que apunta a la integralidad, a la totalidad. Que posibilita la traducibilidad entendida como “ejercicio que implica generar un tránsito hacia algo novedoso, una actualización de aquellas tradiciones que lejos de recibirse de manera pasiva e inmutable, sean interpretadas –al decir de Mariátegui- en su papel dialéctico, siempre refractarias a dejarse aprhender en una fórmula hermética o petrificarse en un estadío”.  (Ouviña, 2017: 28).

Esta necesidad de reponer la idea de totalidad/traducibilidad queda evidenciada en la obra, donde acciones, gestos, frases, palabras, son desarmadas y reducidas a su sentido lingüístico, lo que las vuelve un sinsentido que deviene ridículo y genera carcajadas que retumban en todos los rincones de la sala del teatro. La obra también aborda el problema de la interpretación. Dura 150 minutos con un intervalo en el medio, parece larga antes de ir. Pero vale el tiempo.

Los jueves 21/28, viernes 22/29 de julio. En el Teatro Cervantes  

Por Antonella Álvarez

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