Más pedidos de perpetuas para los policías de la Masacre de Wilde

Con la convicción de que lo ocurrido fue “una cacería premeditada” por  12 policías “armados hasta los dientes”, el abogado querellante Gustavo Romano Duffau, también solicitó la prisión perpetua de los siete efectivos que llegaron al juicio por la Masacre de Wilde.

Por Colectivo de Medios Populares*

Redacción: Carlos Rodríguez

Gustavo Romano Duffau, el abogado que representa a Patricia De Angelis, viuda de Norberto Corbo, una de las cuatro personas asesinadas en el hecho, hizo hincapié en “la impunidad” que tuvo el caso, ocurrido el 10 de enero de 1994, que llegó a juicio oral casi 29 años después. 

Romano Duffau sostuvo que esa impunidad comenzó a gestarse en la instrucción policial y continuó después “con la ayuda de jueces amigos”, al amparo de funcionarios políticos que decían tener “la mejor Policía de la historia de la provincia de Buenos Aires”, en referencia a los dichos de Eduardo Alberto Duhalde cuando era gobernador bonaerense. 

Romano Duffau se refirió tanto a las circunstancias del asesinato del remisero Corbo y sus acompañantes, Héctor Enrique Bielsa y Gustavo Pedro Mendoza, como al homicidio de Edgardo Cicutín, y al intento de homicidio sufrido por Claudio Antonio Díaz, único sobreviviente de la masacre. Los dos últimos iban en un segundo vehículo atacado. 

El abogado querellante señaló que la tergiversación de los hechos hizo que, al principio, se hablara de un “homicidio en riña”, es decir en un supuesto “enfrentamiento armado” entre dos grupos, cuando se mencionaba la balacera recibida por el Peugeot 505 que conducía Corbo. 

Recordó que la Policía dijo que fue un “enfrentamiento”, que desde el auto de Corbo se hicieron supuestos disparos contra los policías, y que los ocupantes del auto intentaron escapar. “Está probado en la causa que no hubo disparos, ni desde el Peugeot 505, ni desde el Dodge 1500 en el que iban Díaz y Cicutín. Los que dispararon fueron los policías”. En el caso del auto en el que iba Corbo, resaltó: “Se sabe que iba a una velocidad de entre 8 y 25 kilómetros por hora. Una velocidad que no se corresponde con alguien que intenta darse a la fuga como se dijo”. Esa era la velocidad que desarrollaba el Peugeot cuando fue baleado frente a la parrilla “La Noche”, de Wilde. 

Los testigos que declararon en el juicio y que estaban en la vereda de la parrilla, confirmaron que sólo hubo disparos desde los autos policiales. 

Además, precisaron que un policía intentó ponerle un arma en la mano al remisero cuando este ya había fallecido; que otros policías siguieron haciendo disparos cuando los tres ocupantes del vehículo ya estaban tirados sobre los asientos, ya fallecidos, y que algunos de los efectivos juntaban las vainas servidas de la calle en un intento por borrar las evidencias. 

Uno de los detalles más dramáticos que mencionó el abogado, fue un testimonio que narró que los policías sacaron el cuerpo de Corbo del asiento del conductor, lo arrastraron por el pavimento y lo subieron a uno de los autos policiales. A Corbo, ya fallecido, lo trasladaron al Hospital de Wilde los mismos policías para tratar de demostrar que intentaron salvarle la vida, cuando ya había fallecido, como dijeron los médicos del hospital. 

Romano Duffau recalcó que cuando las viudas de Corbo y Cicutín, Patricia De Angelis y Raquel Gazzanego, lloraban por la muerte de sus maridos, “en los medios de comunicación se hablaba del hecho como si hubiera sido un ‘homicidio en riña’”. Con posterioridad, en la reconstrucción del hecho, los policías cambiaron la versión sobre el Dodge en el que iban Díaz y Cicutín. Ese hecho fue considerado, en forma extraoficial, como “un lamentable error”. En ese punto, Romano Duffau señaló que “no fueron dos hechos, fue uno solo, y se trató de un operativo coordinado para dar muerte a los ocupantes” de los dos vehículos. 

Afirmó que hubo cinco móviles “no identificables” que salieron de la Brigada de Investigaciones de Lanús en forma coordinada, con diferencia de pocos minutos, pero que “sabían dónde ir y sabían lo que iban a hacer”. 

Precisó que el objetivo predeterminado que tenían los policías estaba circunscripto a un área de “cinco o diez cuadras, en un cuadrado marcado por las calles Franco, San Vicente, avenida Mitre y Navarro”. 

Consideró que fue falsa la información oficial que dio en su momento el jefe de la Brigada, el comisario José Miguel Ojeda, en el sentido que habían salido a realizar tareas de “prevención del delito” en la zona bancaria. 

“La masacre se produjo en una zona residencial, poblada, alejada de la zona donde están las entidades financieras, y el suceso ocurrió a las 15:30, en un horario en el que los bancos ya están cerrados”. La Brigada de Lanús tenía un radio de acción “de 100 kilómetros cuadrados (en Lanús y Lomas de Zamora), pero ese día sólo patrullaron un área de cinco o diez cuadras porque tenían un objetivo claro, ya identificado, y tenían la decisión de matar. Produjeron cinco homicidios, uno en grado de tentativa”. 

Mediante la cita de escuchas telefónicas a familiares del asesinado Héctor Enrique Bielsa, el querellante dijo que los policías sabían que habían partido hacia la zona de Wilde el remis de Corbo y el que manejaba Guillermo Correa, llevando como pasajeros a Andrés Quintana y Gustavo Leguizamón. Ellos iban en un Dodge 1500 parecido al que ocupaban Díaz y Cicutín. 

Los policías los citaron para “aclarar algo”. Los que iban a la cita eran Bielsa, Mendoza, Quintana y Leguizamón. 

Todo hace suponer que ellos cuatro eran el blanco, no los remiseros Corbo y Correa, totalmente ajenos a toda vinculación con los policía de la Brigada de Lanús. 

“La patota policial” baleó al remís de Corbo, que tenía al menos 62 impactos de bala, y al Dodge 1500 que manejaba Díaz, que recibió al menos 36 balazos. Se estima que los disparos efectuados en los dos ataques fueron más de 200, y pudieron haber impactado en los vecinos, transeúntes y conductores de vehículos que circulaban a las 15:30 por el lugar. 

Romano Duffau señaló que los siete policías que llegaron al juicio deben ser condenados a prisión perpetua. Los acusados son los comisarios Roberto Mantel y Eduardo Gómez; el oficial Osvaldo Lorenzón; el subteniente Pablo Dudek; los oficiales Julio Gatto y Marcelo Valenga; y el cabo Marcos Ariel Rodríguez.

El querellante los acusó a todos como “coautores penalmente responsables del delito de homicidio triplemente calificado por haber sido cometido con alevosía, por haber constituido un medio idóneo para crear un peligro común y por haber sido cometido con el concurso premeditado de dos o más personas”. 

Los cargos son por “cuatro homicidios y uno en grado de tentativa”, en relación al único sobreviviente, Claudio Díaz, quien “sobrevivió de milagro”, afirmó Romano Duffau. El querellante, como lo hicieron antes la fiscal Viviana Simón y el querellante Ciro Annicchiarico, también pidió a los jueces del Tribunal Oral 3 de Lomas de Zamora que ordene “la inmediata detención de los siete policías”, una vez que se produzca el fallo condenatorio. 

La audiencia continuará el miércoles 9 noviembre, el viernes 11, el lunes 14 y el martes 15, con los alegatos de los cuatro defensores que tienen los policías. 

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*Colectivo de Medios Populares: La Retaguardia / FM Riachuelo / Sur Capitalino / Radio Presente / Revoluciones

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